Teatro en la cárcel

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Investigación- didáctica: Libro ”Teatro en la Carcel”. Publicado por editorial Comunicarte (2008, Córdoba)

Creo que si intentáramos buscar soluciones integrales para preservar la dignidad, se obtendrían beneficios reales para mejorar la calidad de vida de todas las personas, porque son las clases populares quienes en mayor medida sufren los embates de la delincuencia, y son la desocupación y empobrecimiento, campos posibles para pensar en delinquir. Los delitos de cuello blanco, en cambio, suelen gozar de impunidad gracias a vinculaciones políticas…

La inseguridad es un tema recurrente por estas latitudes, quizás porque la intención de quienes podrían analizar las causales, puede verse dificultada por otra parte del sistema, que sostendría a las cárceles, como si fuera negocio. Es que la delincuencia legitima y justifica la existencia de un conjunto de organismos institucionales, como el judicial o el penitenciario, cada uno con su funcionamiento específico. Pero cuando los costos económicos para el desarrollo de sus funciones se sobredimensionan, pasa como en una viga, puede tener cemento de más, pero seguirá resistiendo la misma carga, aunque se erogó más dinero para poder hacerla, por error o por alguna particular conveniencia.

Me detengo para centrar la atención en mi respiración y procurar realizarla en la forma más pausada posible y adquirir nuevamente una postura corporal distendida.

Miro por la ventana las hojas de un árbol bañado de sol, reacomodo mis anteojos, los dedos de mi mano derecha sobre la lapicera y prosigo…
El arte teatral, en cambio, es inútil al sistema, afortunadamente inútil y se permite distintas maneras de mirar. Propicia que se produzcan analogías entre el hecho ficcional y la propia realidad de la persona, es decir, la posibilidad de observación en perspectiva para un mejor análisis de la propia historia y cotidianeidad. Asume la tarea de conferir
significación a la escena de la vida del hombre…

La actividad teatral es un fenómeno netamente social que compromete a la persona en su totalidad. Si la socialización es una de las metas principales de la educación, exige movilización para que el sujeto pueda comprender y transformar su realidad, nos preguntamos, ¿por qué en la cárcel?…

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El teatro en la cárcel convierte el tiempo muerto de una celda en un tiempo constructivo. De este modo la persona descubre que se reafirma en otra forma de identificación de sí misma y se valora en aquello que se creía vedado y que pensaba que no le pertenecía, ni podría nunca pertenecerle. En el taller de teatro el alumno se relaciona con otros y consigo mismo, modifica su percepción del espacio a través del juego, es decir, obtiene por un tiempo limitado, una posibilidad de ser, de sentirse libre, de construir y expresarse y, sobre todo, consigue un reaseguro energético que le ayuda a vivir.

A la pregunta de por qué el teatro en una situación marginal, respondemos: por eso mismo, porque el teatro es y será siempre marginal, inconformista, vital, necesario y profundamente humano.